A la rueda, rueda!
Cuando uno elige relacionarse con el sonido de su voz hay muchas cuestiones que se ponen en juego: timidez, un poco de vergüenza, quizás miedo porque alguna vez lo callaron porque no “cantaba bien”, en fin muchas cosas. Generalmente sucede que ese primer momento de compartirse con la voz, es “mudo” o temeroso.
Por esto considero que jugar es una forma de empezar a desestructurar las inhibiciones y generar encuentro. Cuando empieza a aparecer la risa empieza a nacer cierta confianza y complicidad entre los participantes. Y resultan elementos esenciales a la hora de crear un lazo.Cuando nos permitimos jugar, nos estamos permitiendo experimentar, y ese experimentar nos permite poner en juego la creatividad. Jugar es remitirnos a nuestra niñez. A esa edad no juzgábamos, simplemente experimentábamos la alegría del compartir esa experiencia lúdica, con uno mismo, o en compañía. Nos asignábamos roles e inventábamos reglas, tal vez cantábamos en grupo, saltando la soga o jugando al elástico. Era reír y gritar y cantar y contar y correr y saltar, era atreverse a dar un paso más, y curiosear por los rincones de la vida. Era el modo de conocer y compartirnos con el mundo que nos rodeaba, de investigarlo y de integrarse a él. Creábamos nuestra realidad a través de él.
Poner en movimiento la creatividad, la comunicación, la interacción es también librarse a lo imprevisto, por tal invita también a equivocarnos.
En esta perspectiva de abordaje en el aprendizaje de cualquier índole, liberamos nuestro ser, nuestras emociones y pensamientos, y nos permitimos conectar con nuestra expresión, convidando nuestro mundo interior hacia el exterior.
La creatividad es la capacidad de transformación que todos tenemos, por esto, despertarla, desarrollarla y potenciarla nos abre nuevos caminos de experiencia, no solamente en lo musical sino que también en la vida. Es también una herramienta útil para adquirir y desarrollar capacidades intelectuales, motoras o afectivas, permite flexibilizar las formas de acción y pensamiento.
A medida que fuimos creciendo nos hemos ido acomodando a nuestro espacio socio-cultural, a nuestras responsabilidades, a nuestros “deberes”. El tiempo a medida que va pasando, se va acomodando en rutinas, y jugar, se convirtió en una posibilidad solo para niños. Por esto creo q es fundamental que podamos volver a conectarnos con nuestro niño interior.
El juego desarrolla la fantasía, la imaginación, el bienestar, la alegría, impulsa la descarga corporal, la desinhibición y actúa como un mecanismo desestructurante, permitiendo expresarse, lanzarse y equivocarse sin preocupaciónJugando, nos integramos en un mismo sentido. Invita también al respeto por la individualidad y su aporte a lo grupal. Somos únicos e irrepetibles, por tanto cada uno de nosotros tiene algo diferente que puede dar. A través del juego podemos entonces, reconocer nuestras posibilidades expresivas, nuestras virtudes, podemos redescubrirnos y ser.
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